viernes, 12 de diciembre de 2008

La ilusión, un arma de doble filo


Hoy tengo la mente nublada, miro en mi interior y en el lejano horizonte de mi ser creo divisar algo que me ilusiona y me asusta a partes iguales, hace mucho tiempo que intento no ilusionarme por nada, aunque a veces es inevitable, tampoco tengo prisa ya por nada, y espero bien poco de nadie, tengo la sensación de que ya he hecho y desecho casi todo, y con un mal sabor de boca no me apetece repetir.

Algunas secuelas causadas por esa cabrona, la vida misma, hacen que ya no vea del todo clara la realidad, borrosa, esta se distorsiona hasta el punto de que a veces el tren con destino a lo bonito pasa tan cerca que incluso me arrolla, y despedazado en el anden, lo que queda de mi mira hacia otro lado, para no saber a donde se dirige, dejarlo escapar y no ir nunca en su búsqueda.

Soñador desde siempre, con segunda residencia en las nubes, sobrellevando el día a día con los pies en el suelo, en la inerte tierra, puedo asegurar que no soy una persona mística y mucho menos esotérica, me cuesta mucho creer en el destino, y en cualquier cosa que no me pegue directamente en la boca y me haga sangrar, aunque la vea a venir a un kilómetro, pero ayer, una puñetera coincidencia de camino al trabajo me dio que pensar, parecía hecho a propósito para complementar un presunto sentimiento, quizá solo sea una falsa alarma, un espejismo de anhelo, si así fuera, solo espero que la estrella fugaz mas grande que he visto en toda mi vida sea un Airbus A380 -555 Passengers lleno de pasajeros precipitándose al vacío envuelto en llamas, PORQUE HE PEDIDO UN JODIDO DESEO.

Lo evito, pienso poco y aun así creo que es demasiado, que asco me doy cuando me pongo en este plan.

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